Anti-Œdipe et Mille Plateaux

Cours Vincennes - St Denis
Cours du 26/03/1973

Dualismo, monismo y multiplicidades

En la Arqueología, Foucault ha dicho cosas muy profundas sobre los enunciados y que conciernen a muchos dominios a la vez, aún si no lo son al mismo tiempo. Tomo dos ejemplos muy vagos: hay un momento, en la ciudad griega, en que surgen enunciados de un nuevo tipo y esos nuevos enunciados surgen en relaciones temporales asignables y en muchos dominios. Pueden ser los enunciados concernientes al amor, al matrimonio, a la guerra, se siente que hay una especie de parentesco, de comunidad entre los enunciados. Vemos que los pensadores se esfuerzan en dar explicaciones de cómo sucede que en dominios diversos, los enunciados que surgen tengan un aire de parentesco. En Grecia, por ejemplo, ahí, en el momento de la llamada reforma "hoplítica", surgen enunciados de nuevo tipo en lo que concierne a la guerra y la estrategia, pero también nuevos enunciados en lo concerniente al matrimonio, la política. Decimos que todo eso tiene relación. Hay gente que dice que, por ejemplo, hay un sistema de analogías o un sistema de homologías y que, quizá, todos esos enunciados remiten a una estructura común. Se los llama estructuralistas... hay otros que dirán que esas producciones de enunciados dependen de un cierto dominio determinante respecto de los otros, y a estos, por ejemplo, se los llamará marxistas...

Tal vez conviene buscar otra cosa.

Hay un libro en el que se aprenden muchas cosas, "La vida sexual en la China antigua". Ese libro muestra muy bien que son indiscernibles los manuales de amor y los de estrategia militar, y que los nuevos enunciados de estrategia militar y los nuevos enunciados amorosos se producen al mismo tiempo. ¿Es raro? Entonces me digo: ¿cómo salir, a la vez, de una visión estructuralista que busca las correspondencias, las analogías, las homologías, y una visión marxista que busca los determinantes? Veo una posible hipótesis, pero es muy confusa... ¡Está bien! Consistiría en decir, en un momento dado, -por razones que, seguramente, están por determinar- sucede como si un espacio social fuese cubierto por lo que se podría llamar una máquina abstracta. A esta máquina abstracta, no cualificada, habría que darle un nombre, un nombre que marcaría su ausencia de cualificación, para que todo adquiera claridad. Podríamos llamarla... al mismo tiempo esa máquina abstracta estaría en ruptura con la máquina abstracta de las épocas precedentes... en otros términos, ella sería siempre de punta, recibiría entonces el nombre de punta maquínica. Sería la punta maquínica de un grupo o de una colectividad dada, indicaría en un grupo y en un momento dado, el máximo de desterritorialización, de golpe y al mismo tiempo, su potencia de innovación es un poco abstracta para el momento, es como en álgebra. Esta máquina abstracta es la que, en condiciones aún por determinar, es esta punta maquínica de desterritorialización que se reterritorializaría en tal o cual máquina militar, máquina amorosa, productora de nuevos enunciados. Es una posible hipótesis.

Tengo la impresión de que en Leroi-Ghourhan, hay cosas que podrían servir, habría que ver como funciona. Esta punta maquínica indicaría una especie de velocidad de desterritorialización. Hay un sistema de índices bajo los cuales se hacen las reterritorializaciones en máquinas cualificadas, máquinas de guerra, máquinas de amor, máquinas de matrimonio.

Rijik: ¿Son tus encadenamientos que se retoman en redes?

Deleuze: ¡Ah no! Es otra cosa, como usted lo siente, no es en este punto nuestra hipótesis de fondo, en el problema de, ¿de dónde vienen los enunciados?, ¿con quién relacionar una producción? La respuesta subyacente consistiría en responder: no hay enunciados individuales, y entre las múltiples trampas del psicoanálisis, que es hereditario de un pensamiento que se puede llamar un pensamiento occidental, está la de persuadirnos de que hay enunciados individuales. Y finalmente, la forma o la lógica de los enunciados individuales ha sido fijada por el cogito. Ha sido fijada por el cogito que comprende la producción de enunciados a partir del sujeto y a partir de un sujeto. El cogito quiere decir que todo enunciado es la producción de un sujeto. Eso es lo que quiere decir en primera instancia, y secundariamente quiere decir: todo enunciado separa al sujeto que lo produce. Lacan es el último cartesiano. Entonces todo enunciado remite a un sujeto, y todo enunciado separa, corta, separa al sujeto que lo produce, son las proposiciones que se encadenan naturalmente porque, si es verdad que un enunciado es producido por un sujeto, ese sujeto por eso mismo va como a dividirse en sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado, en eso consiste el modo literal del cogito.

El modo del cogito es, ustedes lo recuerdan, es: puedo decir "pienso, luego soy", no puedo decir "camino, entonces soy". Descartes se explica sobre esto en sus respuestas a las objeciones en una de esas raras páginas cómicas de Descartes, donde alguien le ha objetado: "¿Por qué usted no dice 'camino, luego soy'?" y él dice que eso no se puede. Y vuelve a decir "yo camino" es un sujeto del enunciado, mientras que "yo pienso" es el sujeto de la enunciación. Entonces, puede ser que yo no camine, pero hay una cosa de la que estoy seguro y es que pienso caminar. En otros términos: el sujeto no puede producir un enunciado sin estar por eso mismo escindido por el enunciado en un sujeto de la enunciación y un sujeto del enunciado. Eso introduce toda la metafísica del sujeto en el psicoanálisis. Si miramos de cerca el cogito...

Pregunta: Pero, ¿hay alteridad en Descartes?

Deleuze: ¿Qué es lo que necesita? ¡El dualismo! Hay dualismo a nivel del pensamiento y del objeto pensado. Hay dualismo a nivel del alma y del cuerpo, hay todo el dualismo que ustedes quieran. Y si nos preguntamos cuál es la fuente de todos los dualismos cartesianos, está en esta escisión interior al sujeto, entre los sujetos del enunciado que no permiten cerrarla, y un sujeto de la enunciación que es sustraído a la duda: "yo pienso".

En toda la serie de dualismos cartesianos, alma-cuerpo, pensamiento-extenso, enunciado-enunciación, lo único notable y la única pregunta es que ese no es el último aspecto, la dualidad de los sujetos del enunciado y de los sujetos de la enunciación, una vez más sujetos del enunciado del tipo "yo camino", "yo respiro", "yo imagino" y sujetos de la enunciación "yo pienso", ¿no es esta dualidad la que va a habitar todos los dualismos de la reflexión y todos los otros dualismos de las sustancias, los cuerpos, etc.?

Lo retomo, pienso en el texto en el que Descartes dice: puede ser -veo el unicornio, imagino el unicornio-, puede ser que el unicornio no exista, puede ser que la proposición, que el enunciado "veo un unicornio" sea falsa, pero al contrario, es verdad que yo pienso ver un unicornio, a este nivel se produce una especie de desenvolvimiento de un sujeto de enunciación y por ahí, todos los sujetos de enunciados posibles. De donde el nos dirá: no puedo decir "yo camino entonces soy", pues solo puedo concluir un sujeto del enunciado en un ser de la enunciación, o en el ser de un sujeto de la enunciación, pero puedo decir "pienso luego soy", porque puedo concluir de un sujeto de enunciación en el ser de ese sujeto.

Ahora bien todos los dualismos de Descartes, aún pasión y acción, dependen directamente de esta operación del cogito que ha consistido en relacionar los enunciados con un sujeto de la enunciación, que desde entonces, va a dividir al sujeto en dos: sujeto del enunciado, sujeto de la enunciación, lo que se encontrará, por ejemplo, al nivel cartesiano en sujeto del enunciado que remite finalmente a la unión del alma y del cuerpo, y sujeto de la enunciación que remite a la substancia pensante. Cuando digo que, de cierta manera, el psicoanálisis, es la última herencia del cartesianismo, es porque, todavía frente al cogito, es muy curioso hasta que punto es un aparato edípico, un aparato edípico sublime. Puede muy bien que yo, como ser viviente, haya sido hecho por mi padre y por mi madre, pero el hecho de que piense, eso no se explica por mi padre o por mi madre, ¿por qué se explica? Si se considera el cogito como una máquina, vemos tres grandes momentos: la duda -que es típicamente una especie de máquina paranoica-, el Dios no embustero es una máquina descarrilada (?), y el "pienso" que es una máquina célibe. Esa es la especie de edipo del pensamiento puro. Los edipos, los hay por todas partes, no son solamente familiares, hay edipos científicos, y el edipo filosófico es el cogito, es la máquina edípica a nivel del pensamiento. Es lo que se llama el dualismo. El dualismo es lo que impide el pensamiento. El dualismo, siempre, va a negar la esencia del pensamiento, a saber que el pensamiento sea proceso. Y la fuente del dualismo, me parece, es esa especie de reducción, de aplastamiento de todos los enunciados del pensamiento, precisamente por este aparato especulativo edípico en el que se enuncia, de una parte, que esta relacionado con el sujeto, con un sujeto, y de otra parte, y al mismo tiempo, que el sujeto está dividido en sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación. En esta perspectiva repensamos el sujeto.

No hay más que una forma de pensamiento, es la misma cosa: no se puede pensar más que de manera monista o pluralista. El único enemigo es dos. El monismo y el pluralismo son la misma cosa porque, de cierta manera, me parece que cualquier oposición, aún todas las posibilidades de oposiciones entre lo uno y lo múltiple... son la fuente del dualismo, es precisamente la oposición entre algo que puede ser afirmado como uno, y algo que puede ser afirmado como múltiple, y más precisamente lo que lo señala como uno es precisamente el sujeto de la enunciación, y lo que lo señala como múltiple es siempre el sujeto del enunciado...

Para hacer la supresión de la oposición de lo uno y de lo múltiple, lo hemos visto la última vez, se hace a partir del momento en que uno y múltiple dejan de ser adjetivos para dar lugar al sustantivo: solo hay multiplicidades. Es decir, cuando el sustantivo multiplicidades toma el lugar de lo uno, de lo múltiple y de su **** y en ese momento, uno y múltiple pierden absolutamente todo sentido, al mismo tiempo que el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciado. Hay multiplicidades, lo que implica evidentemente una teoría y una práctica de las multiplicidades. Cuando abandonamos el dominio de las multiplicidades volvemos a caer en los dualismos, v.g. en el dominio del no-pensamiento, abandonamos el campo del pensamiento como proceso. Ahora bien, para mostrar hasta que punto las cosas se estropean, pienso siempre en esta historia del deseo. Lo que he dicho desde el comienzo, es volver a decir que pensar y desear son la misma cosa. La mejor manera de no ver o de rechazar el que el deseo sea pensamiento, sea posición de deseo en el pensamiento, sea verdaderamente proceso, es evidentemente ligar el deseo a la carencia, se está por completo en el campo, o se asumen las bases, del dualismo. Pero quisiera decir hoy, que hay dos maneras más solapadas de volver a introducir la carencia en el deseo, y son el Otro, y el dualismo. Ahí, el pensamiento llamado occidental, se ha hecho una cierta concepción completamente asqueante de la relación entre el deseo y el placer.

La primera maldición del deseo, la primera maldición que pesa como una maldición cristiana, que pesa sobre el deseo y que se remonta a los griegos, es que el deseo es carencia. La segunda maldición es: el deseo será satisfecho por el placer, o estará en una relación enunciable con el goce. Seguramente, se nos explicará que no es la misma cosa. Hay al menos un extraño circuito Deseo-Placer-Goce. Y todo esto, una vez más, es una manera de maldecir y liquidar al deseo.

La idea de placer es una idea completamente asquerosa -hay que ver los textos de Freud al nivel deseo-placer, donde nos dice que el deseo es ante todo una tensión desagradable. Hay uno o dos textos donde Freud dice que, despues de todo, hay tensiones agradables, pero no va muy lejos. A grosso modo, el deseo es vivido como una tensión completamente desagradable que, necesita... palabra horrible, horrorosa, para salir completamente, pues ese asunto es malo... es necesaria una descarga. Y esa descarga es el placer. La gente tendrá paz, y después, el deseo renace, y habría una nueva descarga. Los tipos de concepciones que, en términos eruditos, llamamos hedonistas, a saber la búsqueda del placer, y los tipos de concepciones místicas que maldicen el deseo, en virtud de que es, fundamentalmente, carencia, yo quisiera que ustedes sientan hasta donde, de todas maneras, ellos consideran el deseo como la única cosa que nos despierta, y que nos despierta de la manera más desagradable, es decir, sea poniéndonos en relación con una carencia fundamental que puede ser entonces apaciguada con una especie de actividad de descarga, y después tendríamos la paz, y después recomenzará... Cuando se introduce la noción de goce -vean como estoy intentando hacer un círculo, muy confuso, un círculo piadoso, un círculo religioso de la teoría del deseo-, vemos hasta que punto el psicoanálisis está impregnado de ella, hasta que punto la piedad psicoanalítica es inmensa. Ese círculo, uno de sus segmentos es el deseo-carencia, otro segmento es el placer-descarga, y, una vez más, eso está completamente ligado. Y me digo de golpe: ¿qué es lo que no va con Reich? Hay dos grandes errores en Reich: el primer error es el dualismo, entonces cambia de lado, es el dualismo entre dos economías, entre la economía política y la economía libidinal. Si se habla del dualismo entre dos economías, se podría siempre prometer hacer el empalme, el empalme nunca se hará. Y este error del dualismo repercute a otro nivel: el deseo está también pensado como falta y entonces el placer es pensado todavía como unidad de medida. Y Reich le ha dado a la palabra placer una palabra más fuerte y más violenta, lo llama orgasmo, y precisamente toda su concepción del orgasmo, que intentará volver contra Freud, consiste en plantear hasta el límite que el deseo como tal está ligado completamente a la carencia, que si no se llega a obtener la descarga que lo apacigua, va a producirse lo que Reich llama los estasis. El deseo está fundamentalmente relacionado con el orgasmo, y para que se relacione el deseo con el placer o con el orgasmo, es necesario que se lo relacione con la carencia. Es exactamente la misma cosa. Una de las proposiciones es la inversa de la otra.

Añadamos el tercer arco del círculo: deseo-carencia, siempre es el deseo quien está dirigido sobre la trascendencia. En efecto, si el deseo carece de algo, es como intencionalidad de eso de lo que carece, se define en función de una trascendencia de la misma manera que es medido en función de una unidad que no es la suya y que sería el placer o el orgasmo que le aseguran su descarga. Y, para cerrar ese círculo del que, por el momento, no tenemos más que dos arcos, evidentemente, el tema consistiría en establecer una distinción entre gozo y placer que sería muy útil. Eso es lo que hará funcionar el todo. Pienso en una distinción cara a Lacan, pero no la conozco, la distinción entre gozo y placer. Retengo lo que Barthes dice en su último libro: "El placer del texto", donde explica un poco. Distingue textos de placer y textos de gozo. Del sujeto del texto del placer dice: "aquel que satisface, colma, el dato de la euforia. Aquel que viene de la cultura, no rompe con ella, está ligado a una práctica confortable de la lectura."; texto del gozo: "aquel que pone en estado de pérdida, que no conforta, hace vacilar las abcisas culturales, históricas, psicológicas del lector, el conocimiento de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos..." "Ahora bien, es un sujeto anacrónico, aquel que mantiene los dos textos en su campo y en su mano las riendas del placer y del gozo, pues participa al mismo tiempo y contradictoriamente del hedonismo profundo de toda cultura y de la destrucción de esta cultura. Goza de la consistencia de su yo, ese es su placer, y busca su perdida, la perdida de su yo. Ese es su gozo, es un sujeto dos veces dividido, dos veces perverso".

Formidable, encontramos la dualidad del sujeto del enunciado capaz de placer, y del sujeto de la enunciación digno de un gozo. Simplemente, como el sujeto del enunciado no se eleva nunca hasta el sujeto de la enunciación, porque el sujeto de la enunciación finalmente es el gran significante, es un hecho que el gozo es imposible. Eso quiere decir que el gozo, como lo explica Barthes, está en relación fundamental con la muerte, entonces podemos envolver nuestro círculo: deseo-carencia, deseo-placer u orgasmo, deseo-gozo.

Afortunadamente, en un texto más claro, Barthes dirá: "el placer no es un pequeño gozo, ¿el gozo es un placer extremo? No. Uno no es más fuerte que el otro, o menos fuerte, sino que difieren en naturaleza. Si decimos que el deseo y el gozo son fuerzas paralelas, que no pueden encontrarse y que entre ellas hay más que un combate, una incomunicación, entonces es necesario pensar que la historia, nuestra historia no es apacible, ni inteligente, que el texto de gozo surge siempre como un escándalo, un mal funcionamiento, que siempre es el trazo de un corte, de una afirmación, podemos llegar..." ¿Qué pasa?

Pienso en ese libro sobre la vida sexual en la China antigua. Nos cuenta una historia rara, finalmente son los Chinos: en el taoísmo, eso varía con el curso de los años, de todas maneras, el lector es golpeado por eso que es la gloria del hombre: las mujeres... pero eso no es lo que lo diferencia del pensamiento occidental porque, del lado del pensamiento occidental, es más duro. La diferencia está por todas partes.

Lo diferente es la manera como el deseo es vivido, una manera totalmente diferente: no se lo relaciona con ninguna trascendencia, no está relacionado con ninguna carencia, ni medido por ningún placer y no es trascendido por ningún goce, bajo la forma o bajo el mito de lo imposible. El deseo es planteado como puro proceso. Concretamente, quiere decir que no es del todo orgasmo; su problema no es como el problema occidental: cómo arrancar la sexualidad a la genitalidad; su problema es: cómo arrancar la sexualidad al orgasmo. Entonces dicen, a grandes rasgos, ustedes comprenden, el placer o el orgasmo, no es la terminación del proceso, es, o su interrupción, o su exasperación; ahora bien, los dos remiten a lo mismo y, de hecho, ¡es lamentable! Sin duda, es necesario que se llegue a eso, pero entonces es necesario percibir esos momentos de suspensión como verdaderas suspensiones que permiten volver a poner en marcha el proceso. Tienen una teoría sobre la energía femenina y masculina que consiste en decir: la energía femenina es inagotable, la energía masculina es más aburrida, es agotable. El problema, de todas maneras, es que el hombre toma algo de la energía femenina que es inagotable, o bien que cada uno toma algo del otro. ¿Cómo se puede hacer esto?

Es necesario que los flujos -y se trata de un pensamiento en términos de flujos-, es necesario que el flujo femenino, siguiendo trayectos muy determinados, ascienda siguiendo las líneas del flujo masculino, a lo largo de la columna vertebral, para ir hasta el cerebro, y ahí se hace el deseo en su inmanencia como proceso. Se asciende un flujo, se absorbe un flujo, se define un puro campo de inmanencia del deseo, con relación al cual placer, orgasmo, gozo están definidos como verdaderas suspensiones o interrupciones. Es decir, para nada como satisfacción del deseo, como en la exasperación del proceso que hace que el deseo salga de su propia inmanencia, v.g. de su propia productividad. Todo eso es interesante para nosotros en la medida en que, en este pensamiento, el deseo pierde simultáneamente toda ligazón con la carencia, el placer o el orgasmo y con el gozo. El deseo es concebido como producción de flujo, define un campo de inmanencia, y un campo de inmanencia quiere decir una multiplicidad donde efectivamente toda división del sujeto en sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado se vuelven estrictamente imposibles, sujeto del gozo y sujeto del placer se vuelven estrictamente imposibles, puesto que en nuestra máquina giratoria todo era muy simple: el sujeto de la enunciación era el sujeto del gozo imposible, el sujeto del enunciado era el sujeto del placer y de la búsqueda del placer, y el deseo-carencia era la división entre los dos. Ustedes dirán hasta qué punto, de Descartes a Lacan, este repugnante pensamiento del cogito no es solamente un pensamiento metafísico.

Toda la historia del deseo -y una vez más, de la misma manera en la que cae Reich-, está en la manera de ligar el deseo con un más allá, sea el de la carencia, sea el del placer o sea el del gozo, y plantear el dualismo del sujeto de la enunciación y del sujeto del enunciado, y no por azar son los mismos que hoy en día, v.g. los lacanianos, engendran todos los enunciados a partir del sujeto que, desde entonces y retroactivamente, se vuelve el sujeto dividido en sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado. Lo inscrito es el sujeto de la enunciación que pone el deseo en relación con el gozo imposible, el sujeto del enunciado que pone el deseo en relación con el placer, y la división entre los dos sujetos que pone el deseo en relación con la carencia o la castración. Y, a nivel de la teoría, la producción de enunciados se encuentra exactamente, palabra por palabra, en esta teoría empobrecida del deseo. En ese sentido digo que pensar, forzosamente, es ser monista, en la aprehensión misma de la identidad del pensamiento y del proceso, como también en la aprehensión de la identidad del proceso y del deseo: el deseo como constitutivo de su propio campo de inmanencia, es decir como constitutivo de las multiplicidades que lo pueblan. Pero todo esto es, tal vez, oscuro, un campo monista es forzosamente un campo habitado por las multiplicidades.

Kyril Rejik: Si, pero encuentro eso peligroso porque se considera el monismo como otra cosa, como el resultado de una dialéctica salida del dualismo... por ejemplo Hegel.

Gilles: Pero es un falso monismo.

Esta operación mágica que consiste en prohibirse el empleo de los adjetivos uno y múltiple, para conservar el sustantivo multiplicidades. Esta es la operación que da cuenta de la identidad del monismo y del pluralismo y que relaciona la verdadera fuente del dualismo con la dualidad establecida entre los dos adjetivos: lo uno y lo múltiple. El fundamento del dualismo ha sido siempre: hay cosas que son unas: se las encuentra desde Descartes hasta hoy, se trata de Descartes, v.g. de Lacan, y después, hay cosas que son divisibles. El dualismo no se define por dos, el dualismo se define por el empleo de uno y múltiple como adjetivos. Ya era verdad en Duns Scotto.

Y bien, si sustituimos el empleo de uno y múltiple como adjetivos, por el sustantivo multiplicidades bajo la forma: no hay nada que sea uno, nada que sea múltiple, todo es multiplicidades. En ese momento, vemos la estricta identidad del monismo y del pluralismo bajo esta forma de un proceso de inmanencia que no puede ser ni prohibido -eso es lo que nos dicen los chinos en su sabiduría sexual- ni exasperado. El proceso de inmanencia es también una multiplicidad, v.g. designa un campo de inmanencia por una multiplicidad.

Kyril: Hace un momento hablabas de dualismo como el resultado de edipo. Como, de otra parte, piensas a edipo como una máquina transitoria entre los asuntos de masas, de muta, o los asuntos de paranoia y esquizofrenia. Tienes entonces una producción de ese dualismo a partir de un dualismo que te es propio (giras sobre eso) al nivel del funcionamiento de los procesos. Lo que nos has expuesto desde hace dos o tres años.

Gilles: Después de dos o tres años ha terminado. Hoy no vuelvo a introducir ningún dualismo. Olvidemos todo eso.

Cuando digo: el cogito es edípico, poco importa... Habría que encontrar otros, debe estar en el Edipo de Sófocles que contiene las primeras formulaciones del cogito, aún en el camino cartesiano hay toda esa progresión, la asimilación de los tres estadios de la máquina edípica, con la duda paranoica, el dios no embustero, y el "pienso", eso me parece casi ****, a saber, lo que yo quiero decir es que toda una teoría que, de una u otra manera, relaciona la producción de enunciados con un sujeto, es primeramente una teoría que va a dividir al sujeto en dos: sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación. En segundo lugar va a conducirnos a todas las sumisiones, y eso, de la manera más hipócrita, diciéndonos: eres el jefe. Lo que quisiera hacer notar es que todo eso es la misma cosa, y tercero, las figuras del deseo, en el sentido en que liga el deseo a la carencia, o lo que viene a ser lo mismo, liga el deseo a la trinidad placer-orgasmo-gozo, es todo.

¿Por qué ese segundo punto, por qué es la sumisión más hipócrita? Porque esta historia de la división del sujeto, consiste en decir: eres tú quien manda, v.g. tu accederás al mando en la medida en que te sometas a un orden del que no eres el sujeto sin ser también el legislador. El famoso orden de la democracia. Es como sujeto que usted es legislador; no por azar aquel que ha llevado más lejos esta doctrina, el formalismo de esta doctrina, es el heredero de Descartes desde el punto de vista del cogito, a saber: Kant, y es con Kant que la sumisión a la razón nos es presentada como la manera en que nos volvemos legisladores. Y esta sumisión a la razón, considerada como la manera en que debemos volvernos naturalmente legisladores... eso nos remite siempre a la división del sujeto en sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación: obedecerás como sujeto del enunciado, pero porque eres quien comanda como sujeto de la enunciación, y se nos convida a captar esta gran identidad dividida, como identidad cruzada, tanto como se quiera, del legislador y del sujeto. Es la misma cosa, el mismo mecanismo que, entonces, pretende engendrar los enunciados con relación a un sujeto, que plantea la dualidad de un sujeto del enunciado y de un sujeto de la enunciación como fuente de todos los otros dualismos que, entonces, suprimen el pensamiento como proceso y que, tercero, hacen volar por los aires cualquier posición de deseo porque relacionan el deseo con la carencia, el placer, el gozo y que, en ese momento, lo que salta en efecto, en provecho de la apariencia, es el pensamiento, v.g. en provecho de la imagen del pensamiento. Se podría contemplar la imagen del pensamiento en el dualismo, mientras que solo hay realidad del pensamiento en el monismo del proceso y en las multiplicidades que pueblan el campo de inmanencia. Si bien, mientras los chinos definían ese campo de inmanencia del deseo recorrido por flujos que no persiguen ni el placer posible a nivel del sujeto del enunciado, ni el gozo imposible a nivel de un pseudo-sujeto de enunciación, ellos se dan, al mismo tiempo, todas las condiciones para una teoría del deseo y una teoría de la producción de enunciados. Y último paso: Porque la teoría de la producción de enunciados, la buscan del lado de un arte militar, es decir de una máquina de guerra, una máquina estratégica de guerra, al mismo tiempo que la teoría del deseo, la buscan en los manuales de sexualidad y que -último paso- los tipos de teoría están directamente (relacionados) **** los unos con los otros. Es decir que ellos definen las multiplicidades comunicantes en el proceso o en el campo de inmanencia mismo.

Kyril: Con la pequeña diferencia de que los manuales de sexología son completamente falócratas y que la política china es completamente imperial.

Deleuze: De acuerdo, pero es un detalle, porque esa no es la diferencia entre occidente y oriente. Tu dirías que en occidente buscamos la diferencia, lo que no es seguro. Falócrata e imperial, de acuerdo, pero eso es más bien un fondo común, eso quiere decir que no basta con definir el deseo como campo de inmanencia para escapar al imperialismo, etc.

¿Está clara la relación entre la teoría de los enunciados y la concepción del deseo?

Interrupción. ¿Alguien podría decir cuál es la diferencia, en Lacan, entre placer y gozo?

Intervención: El deseo mantiene una relación enunciable con el gozo.

Deleuze: Vemos como eso hace parte de la misma cosa, tanto como decir que el gozo no es el placer, hace parte de una especie de sistema, que para simplificar, yo presentaría como una concepción circular del deseo en la que, en su base, está siempre el postulado de comienzo -y es verdad que la filosofía occidental ha consistido en decir: si el deseo es, es el signo mismo, o el hecho mismo de que se carece de algo. Y todo parte de ahí. Operamos una primera soldadura deseo-carencia, después, va de sí el que el deseo este definido en función de un campo de trascendencia. El deseo es deseo de lo que no se tiene, eso comienza con Platón, y continúa con Lacan. Es la primera maldición del deseo, la primera manera de maldecir el deseo, pero no basta. Lo que he hecho es el método de Platón en el Fedón, cuando construye un círculo a partir de arcos. El segundo arco: si el deseo está fundamentalmente dirigido a lo Otro, abierto sobre una trascendencia, si sufre esta primera maldición, ¿qué puede llenarlo? Lo que lo llenará sólo en apariencia será el objeto hacia el que tiende, puesto que también lo Otro es lo inalcanzable, la pura trascendencia. Entonces, no será eso lo que vendrá a llenarlo. Lo que viene a llenarlo o a satisfacerlo, que va a darle una pseudo-inmanencia, va a ser lo que se llama el estado de placer, pero desde ese segundo nivel, se entiende que esta inmanencia es una falsa inmanencia puesto que el deseo ha sido definido fundamentalmente en relación con la trascendencia, y lo que lo llena es, literalmente, una ilusión, un señuelo. Segunda maldición del deseo: se trata de calmar el deseo por un instante, y después recomienza la maldición. Esta es la concepción del placer-descarga. Ninguna otra palabra indica acertadamente el título de ese segundo arco del círculo como "para terminar provisionalmente con el deseo". Lo que me parece fascinante es, hasta qué punto esto permanece en toda la protesta de Reich contra Freud, él conserva esta concepción del deseo-descarga que tematiza en una teoría del orgasmo. Ese segundo arco define bien esa especie de inmanencia ilusoria por la cual el placer llena al deseo, es decir lo aniquila por un tiempo. Pero, como en toda buena construcción, puesto que todo eso es una pura construcción, no es verdad, es falso de cabo a rabo, se necesita un tercero para cerrar esa cosa, puesto que ustedes tienen esta supuesta verdad del deseo empalmado sobre una trascendencia de lo Otro, esta ilusión o este señuelo por el cual el deseo encuentra las descargas calmantes después de las cuales desaparece, listo para reaparecer mañana, necesita un tercer arco para dar cuenta de esto: que aún a través de esos estados de sueño, de satisfacción, etc... , es necesario que sea reafirmada, bajo una forma nueva, la irreducibilidad del deseo a los estados de placer que lo satisfacen sólo en apariencia, o sea, reafirman, bajo otro modo, la trascendencia. Y esta reafirmación es la relación gozo imposible-muerte. Y de cabo a rabo, está la misma concepción, y cuando se nos dice: ¡atención! no confundas el deseo, el placer, el gozo, evidentemente no hay que confundirlos puesto que son necesarios para hacer tres arcos de un mismo círculo, a saber las tres maldiciones llevadas sobre el deseo. Las tres maldiciones son:

- carecerás cada vez que desees,
- solo esperarás descargas,
- perseguirás el imposible gozo.

Entonces el deseo es completamente trampeado, apresado en un círculo. Y entonces ¿por qué es la misma cosa con el problema de los enunciados? Es semejante al nivel del cogito cartesiano, puesto que se construye, igualmente, su círculo al nivel de yo camino, yo respiro, yo imagino, veo un unicornio, sistema de enunciados donde el Yo es el sujeto del enunciado, y eso es algo así como la apariencia. Puede no ser verdad, puede ser que Dios me engañe, puede ser que yo crea caminar y que no camine. Segundo arco: pero atención, pues si es verdad que puedo engañarme cuando digo que camino, al contrario, no puedo engañarme cuando digo "yo pienso caminar". Si es verdad que yo puedo engañarme cuando digo "yo veo un unicornio", no puedo engañarme diciendo "yo pienso que veo un unicornio". Esa es la extracción del "pienso, luego soy", es la extracción de un sujeto de enunciación; y la producción del enunciado, de un enunciado cualquiera se hace bajo la forma de la división del sujeto en sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación como condición de la producción de todo enunciado posible.

El deseo-carencia se encuentra a nivel de la división del sujeto, del corte, de la barrera. El sistema del deseo-placer se encuentra a nivel del sujeto del enunciado. Y el sistema del deseo-goce, se encuentra al nivel de la gloria del sujeto de la enunciación, con, una vez más, la mistificación del círculo: tú mandas tanto más cuanto que obedeces, v.g. estarás tanto más cerca de ser el verdadero sujeto de la enunciación cuando te conformas con la barrera que te separa como sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación, es decir que es por la castración como accedes al deseo.

Es lo mismo decir: es por la castración que accedes al deseo, o decir: es por la división del sujeto que accedes a la producción de enunciados.

Rejik: ¿No has ambicionado ir más lejos con el Dios de Descartes y el significante de Lacan?

Deleuze: No lo he ambicionado completamente, pero quisiera, ¡uf! ¡uf! ¡uf!

El problema se convierte en suponer que los únicos enunciados son del deseo. Cualquier deseo es un enunciado, todos los enunciados son deseo. Si es así, de lo que es necesario dar cuenta es del sistema de la apariencia, entonces, de hecho, Nietzsche tiene completamente la razón, es verdaderamente un sistema platónico-cristiano, y si eso culmina en el psicoanálisis, no es por azar, porque el psicoanálisis es el que nos dice: « bien, tiéndete y, al fin, vas a tener la ocasión de hablar en tu nombre », y que, al mismo tiempo ha retirado de entrada todas las condiciones posibles de una producción de enunciados, precisamente porque ha subordinado cualquier producción de enunciados a la división del sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciado, v.g. tú mandas entre más aceptes la castración y persigas el gozo imposible. Ricardo III: Me parece que el deseo-descarga, retomado bajo la forma de la metonimia en Lacan, no está lejos -pero es solo una intuición- del deseo-aufhebung, y que, finalmente, es toda la historia del deseo la que se desplaza y no se llega nunca a alcanzar, que es el recorrido de la fenomenología del espíritu, a grosso modo, con, como imposible horizonte, justamente este gozo que sería el saber absoluto.

Deleuze: Si tu quieres, pero no hay ninguna razón para privilegiar a Hegel porque es uno de los múltiples casos en que el deseo es definido como carencia, pero en las páginas que preceden a las del maestro y el esclavo, todo pasa en este círculo: el deseo-carencia, la ilusión del placer, y el deseo-gozo.

Ricardo III: Lo que es enormemente interesante, es que si tu ligas el deseo al campo del Otro y al tesoro del significante, tu tienes verdaderamente el proceso del errinerung...

Deleuze: Bien, si, no por azar Lacan pasa por Hegel. Él ha suprimido sus textos hegelianos.

El problema es que habría que explicar la formación de esta apariencia, en cuáles condiciones los enunciados parecen ser producidos por un sujeto que, como productor de enunciados, estaría entonces dividido en sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación. Y sobre todo, ¿Qué permite ese doblez? Son cosas que se han hecho, usted tiene dos dobleces posibles: o bien el sujeto de la enunciación -la división sirve de todas maneras para doblar uno sobre el otro- o bien el sujeto de la enunciación será doblado sobre el sujeto del enunciado, y ese sería el aparato edípico, o bien el sujeto del enunciado será satisfecho en el sujeto de la enunciación, ese será el aparato paranoico. Lo paranoico es el sujeto del enunciado que se toma por sujeto de la enunciación.

Temo que ninguna explicación de cuenta de la formula más sombría. El paranoico es verdaderamente aquel que se establece entre todo lo que puede servir de signo a las redes, o un sistema de redes tal que el signo remite al signo. El signo ya no remite, sea a una tierra, sea a un cuerpo, sea a una cosa, el signo remite al signo en un sistema de redes, y entonces, y al mismo tiempo, es subsumido bajo un significante; y ese significante, es el que representa al sujeto para otro significante, según una formula muy conocida, a saber: el significante es precisamente el sujeto de la enunciación. Y la posición del paranoico, es típica y formidable, porque es a la vez aquel que más duda, y aquel que tiene la mayor potencia. La paranoia, ese pululamiento en todos los sentidos: un signo aquí, pero hay otro allá, pero hay otro más alla, etc. ¿No es así en todos los delirios? Una vez más, un paranoico, está en las redes, y cuando está preso en las redes, duda de todo, y se dice: "quizá me engaño". Como sujeto del enunciado, él está perpetuamente en una especie de duda, pero al mismo tiempo, recupera todo, recupera una certidumbre, él es el distribuidor de los signos, él es potente y superpotente en la medida en que salta, es inestable, al nivel del sujeto de la enunciación, y la fórmula del paranoico es del tipo: yo adivino de entrada. Pasa su tiempo oscilando al interior de su red de signos.

Habría que dar cuenta de esta producción de una apariencia. La apariencia consiste, una vez más, en: los enunciados serían producidos por un sujeto así dividido. ¿Cómo puede producirse algo así? Es como el problema de ¿cómo decir yo? ¿cómo osar decir yo? Desde que digo "yo", me sitúo a la vez como sujeto del enunciado y como sujeto de la enunciación. Y cada vez hay esa división, está la cochinada que llega. Quiero decir, por ejemplo: "yo como hombre". Todas las funciones sociales están construidas sobre eso, todas las funciones represivas están construidas sobre esa división: yo como hombre, te comprendo, pero como padre, debo actuar. Yo como hombre, estoy de tu lado, pero como policía debo aplicar la ley. Como policía debo aplicar la ley, eso quiere decir que soy el sujeto del enunciado; como hombre te comprendo, eso quiere decir que yo soy el sujeto de la enunciación. Seré tanto más legislador por cuanto sería sujeto, serías tanto más sujeto por cuanto serías legislador, comprendidos todos... es otra manera de decir: de acuerdo, todos somos castrados, eso funciona.

Lo que decíamos la semana pasada, es: no hay enunciados individuales, ningún enunciado puede ser producido por un individuo. Nuestra hipótesis era que quien produce los enunciados son los agenciamientos maquínicos, o lo que es lo mismo, los agentes colectivos de enunciación, a condición de comprender que los colectivos, lo que no quiere decir los pueblos, eso quiere decir, en cualquier sentido que se tome el término: lo que es necesario llamar agentes colectivos de enunciación, son todos multiplicidades, de cualquier naturaleza que sean. Si bien hay que explicar ¿cómo los agenciamientos maquínicos de enunciación producen efectivamente enunciados variables en tales o cuales circunstancias y producen tipos nuevos de enunciados? ¿Cómo esos enunciados con necesariamente deseos y como al interior de esta producción se engendra la ilusión de un sujeto, de un sujeto dividido en sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado, que tiene la impresión de producir los enunciados que, de hecho, son producidos por los agenciamientos maquínicos o por las multiplicidades actuando en él?

Es necesario ver cómo sucede. ¡Hay que plantear el problema prácticamente! hay que plantear una serie de oposiciones, hacer un cuadro: ¿cómo se produce un cuerpo sin órganos? Primera producción del enunciado, quiero decir: si algo, en las condiciones dadas, no funciona como cuerpo sin órganos, no hay superficie donde inscribir un enunciado. Un cuerpo sin órganos, es la superficie de inscripción para cualquier enunciado posible o para cualquier deseo. ¿Solamente un cuerpo sin órganos? No se tiene solo uno, hay tantos como se quiera. Es algo por producir o fabricar. Un cuerpo sin órganos no pre-existe. Yo había tomado, la última vez, como modelo al desierto, pero a condición de que pasen las cosas. El desierto es un lugar o una superficie de producción de enunciados. No hay enunciados ligados a las drogas que no supongan como previa la constitución de un cuerpo sin órganos... sea lo que sea que pase en el orden del acontecimiento, v.g. del enunciado o del deseo, el acontecimiento es finalmente la identidad misma del enunciado y del deseo, sea lo que sea que pase implica la constitución de un cuerpo sin órganos. Mientras no hagas tu cuerpo sin órganos, uno, o dos o n, nada es posible, hay que encontrar el suyo... En la malvada colonia, la de la falsa concepción del deseo, pondríamos el organismo. Sobre este asunto, habría que mostrar como un cuerpo sin órganos se forma sobre ese organismo, como aparece una cabeza buscadora, una punta maquínica, y esta punta maquínica es esta instancia de movimiento que se va a encontrar más tarde en tal o cual agenciamiento. El cuerpo sin órganos, el desierto, está fundamentalmente poblado. El problema del inconsciente verdaderamente no es el de las generaciones, es un problema de poblaciones, se trata de saber como se puebla. Entonces cuando Green dice: « no hay que exagerar, un esquizofrénico es alguien que tiene un padre y una madre como todo el mundo », pues bien eso no es cierto... Tengo un texto de una vieja esquizofrénica, es un texto muy bello. Ella nos cuenta: "adoro inventar pueblos, tribus, los orígenes de una raza, en fin, imaginar otros comportamientos, mil otras maneras de ser. Siempre he tenido el complejo de exploración y solo me gustan exploraciones fantásticas. Por ejemplo, mis desiertos son una suma de divertimientos, divertimientos-desiertos, para que pueda imaginar esos extraños simuladores de ****, esta especie de cantos oníricos. Me dejaba ir, yo tenía tendencia a entregarme a las culpables experiencias sobre mis personajes, a maltratarlos -ven ustedes que se trata de poblar un desierto-, a usar contra ellos crueldad mental, por provocación. Tengo la violenta afición de imaginar como puede funcionar un ser, en una situación extrema, después de todo es una pasión..." (cinta inaudible). En todos esos cuentos, se trata de desiertos poblados de tribus: "vuelvo a mis tribus, hasta hoy he sido hijo adoptivo de quince tribus, ni una menos, y son mis tribus adoptadas porque amo a cada una más y mejor que si hubiese nacido en ellas. Allá, el niño tiene derecho a adoptar otra tribu. Hay muchos niños tránsfugas y no se sienten exilados. ¿Pero sus verdaderos padres? ¿Que entiende por verdaderos padres? Los progenitores verdaderos, los padres son primero aquellos que el niño reconoce como tales, genéticos o adoptados, es decir las tribus". Se es el niño de una población y no el niño de un padre y de una madre. Así piensa un esquizo.

A los agenciamientos de multiplicidades, en la otra colonia, se opone el tema del sujeto de enunciación, el sujeto dividido como fuente de dualismos. Al aparato anti-edípico se opone el aparato edípico, o, al devenir inhumano, al devenir animal se opone el devenir humano de la otra colonia. Al monismo-pluralismo, se oponen los dualismos que derivan de la falsa concepción del enunciado. Al deseo o pensamiento-proceso, se opone la concepción del deseo-carencia-placer-gozo; tanto como se oponen los dos estatutos del signo que vimos la última vez, a saber el signo ensamblado en una red que lo subordina al significante, y al contrario, el signo que se pone a trabajar por su cuenta, que se libera de la hipoteca del significante y que pasa en acoplamiento con una partícula o un sistema de partículas, v.g. el signo-partícula en oposición al signo-significante. Habría que saber cuál punta maquínica marca el máximo de desterritorialización sobre ese cuerpo sin órganos. Esta historia de punta maquínica que va a marcar sobre el CSO las corrientes de desterritorialización, me parece muy complicada. Es necesario ver también los agenciamientos maquínicos que derivan de él, y después los devenires animales, o, lo que es lo mismo, las intensidades. Las intensidades desterritorializadas que cuadriculan el cuerpo sin órganos. Y en todo eso, el sujeto es, literalmente, una partícula nómada que recorre todo eso, las líneas de desterritorialización, las intensidades. El problema de la génesis de la ilusión es: ¿qué va a fijar el sujeto? Todo a la vez, se le hace un organismo, se le somete al cogito, se lo fija, se asegura su sumisión diciéndole: eres tú quien produce los enunciados. La próxima vez, tendríamos que ver el libro de Carlos Castaneda. A grandes rasgos, él cuenta, no una iniciación, sino verdaderamente una experimentación. El tipo quería hacerse iniciar, porque es un pobre tipo, el indio le dice no. Carlos le dice: enséñeme, quiero saber, v.g. trata al indio viejo como trata a su psicoanalista, y el indio le dice: comienza por encontrar tu cuerpo sin órganos. La búsqueda del CSO de Carlos es patética, busca en un espacio restringido, en una especie de desierto, esa es la experimentación gozosa, y de cierta manera, esta búsqueda, es encontrar el lugar donde se está bien. En una perspectiva de esquizo-análisis, es necesario que el tipo encuentre el lugar donde está bien, y en qué posición, si quiere colgarse del techo... No hay ninguna razón para que se acueste. Y Carlos busca su lugar, enrollándose sobre sí mismo en la hierba, busca hasta que lo encuentra. Una vez que ha encontrado su lugar, ya no se vive como sujeto, es una pequeña cosa, una pequeña partícula, y después hay una partícula más brillante, es el indio. Entonces, comienza un agenciamiento maquínico, ¿bajo qué forma? Bajo la forma de que él necesita un aliado. Necesita un guía, un experimentador, pero también necesita un potente aliado. Todo eso comienza a formar una pequeña máquina donde algo va a pasar, sobre ese cuerpo sin órganos se dibuja ya una cierta distribución de intensidades. Y entonces ve un perro, hace el perro, pero no es simplemente eso, no hace el perro, está deshaciendo la organización del cuerpo en provecho de otra cosa. Sentimos que el problema no es el de devenir animal, el perro no es un perro. El indio dice: no es un perro, es cualquier cosa, todo lo que tu quieras. ¿Qué es esa especie de devenir inhumano que se expresa muy mal diciendo: "ha hecho un perro"? Ha recorrido ciertas intensidades que se pueden representar por: perro, como en Kafka. Kafka también hace el perro, pero no tiene necesidad de droga para hacerlo, se inventa otra máquina para hacerlo. Al final Carlos fastidia de tal modo al indio, que el indio le dice: pero, al menos ese perro, ¿por quién lo tomas? Al menos no es tu puta madre. Eso es anti-psicoanálisis. Ese perro, allí, es la salida del aparato edípico. Él ha seguido sobre el cuerpo sin órganos, las líneas de desterritorialización según las intensidades desterritorializadas.

¿Por qué tales intensidades más bien que otras? Enseguida devendrá un lagarto, después progresará, devendrá cuervo. Hacer el cuervo, consiste en extender las patas de cuervo, las alas del cuervo a partir de su rostro, poblarse de cuervos. Ya no era hacer el perro, sino poblarse de perros. Eso quiere decir atravesar esas intensidades. Para hacer el perro, no basta hacer guau, guau, hay que pasar por otras experimentaciones. Eso cambia todo el problema del totemismo.

Cuando los estructuralistas hablan de totemismo, es muy pobre, seco, el totemismo siempre ha tenido ciertas relaciones con las historias de droga, pero no es todo, pues en el segundo libro donde la experimentación continúa más fuertemente, asistimos al paso del devenir inhumano, del devenir intenso a otra cosa más, que es una especie de devenir molecular, algo así como la desorganización del organismo en provecho de un cuerpo viviente sobre otro modo, lo que implicaba aún algo más. Y eso es la videncia. ¿Qué quiere decir ver más allá?

Consiste ante todo en ver el agua, y Carlos, a través de toda una serie de estadios, ve el agua que se modifica, se endurece, se inmoviliza y que, sobre todo, se disocia. Al final, se moleculariza y capta el agua a partir de sus burbujas constitutivas; pero sólo puede captar y ver el agua a partir de sus burbujas moleculares constitutivas ligadas con lo que se produce por experimentación...

(fin de la cinta)

Traducido por : Ernesto Hernández B. / Revisado Octubre 2006
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