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DELEUZE / LEIBNIZ Curso en Vincennes - 00/00/1987 Télécharger ce cours en : pdf (pas disponible) rtf (disponible) Estábamos en esto, ¿por qué Kant concibe así al hombre, por qué esta idea de las facultades heterogéneas, por qué ha sido preciso esperar hasta Kant? Mi respuesta es muy simple, es que la metafísica no puede -no es que no quiera-, llegar a ese punto de las facultades heterogéneas. Para alcanzarlo Kant opera lo que él mismo llama su revolución, a saber la substitución de la crítica en la metafísica. ¿Por qué la metafísica no puede? Lo hemos visto la última vez; lo que define a la metafísica desde el cristianismo, y su relación con la teología, es la posición del infinito como primero respecto a lo finito. Comprendan que nuestras facultades son necesariamente homogéneas de derecho. Es curioso, ¿por qué es que si lo infinito es primero respecto a lo finito, nuestras facultades son homogéneas de derecho? Porque somos finitos de hecho, pero la finitud no es más que un hecho. Lo que es primero respecto a lo finito es lo infinito; ¿pero qué es lo infinito? De entrada, es el entendimiento de Dios. El entendimiento infinito. Toda la metafísica del siglo XVII está llena de consideraciones sobre el entendimiento infinito; pero el entendimiento infinito, el entendimiento de Dios, ¿qué es? Dios es el ser para el cual no hay dado. En efecto, Dios crea, y crea ex-nihilo es decir a partir de nada. Igualmente no hay material que le sea dado, entonces la distinción de un dado y de un actuar no existe para Dios. En otras palabras, la diferencia entre dado y creado no existe para Dios. La diferencia entre receptividad y espontaneidad no existe para Dios; Dios es solamente espontaneidad. Entonces, ¿qué es lo dado? Lo dado es una espontaneidad desposeída. Solo hay dado para la criatura porque la criatura es finita. Lo dado no es más que espontaneidad desposeída, en otras palabras: nosotros, siendo de hecho seres finitos, nosotros decimos: hay lo dado. Para Dios no hay lo dado. Es únicamente nuestra finitud la que diferencia la receptividad de la espontaneidad. A nivel de Dios no vale esta diferencia. Ahora bien, Dios es el derecho, es decir es el estado de cosas tal como es de derecho. Ven, es muy simple, para que sea posible el kantismo es necesario que haya una promoción de la finitud. Es necesario que la finitud no sea considerada como un simple hecho de la criatura, es necesario que la finitud sea promovida al estado de potencia constituyente. Es por eso que a Heidegger le gusta tanto reclamarse de Kant. Kant es el advenimiento de una finitud constituyente, es decir que la finitud no es un simple hecho que deriva de un infinito originario, es la finitud la que es originaria. Esta es la revolución kantiana. Entonces lo que ve la luz es la irreducible heterogeneidad de dos facultades que me componen, es decir que componen mi espíritu, la receptividad y la espontaneidad. Receptividad del espacio-tiempo, espontaneidad del “Yo pienso”. En fin, el hombre deviene disforme, disforme en el sentido etimológico de la palabra, es decir dis-forme, claudica sobre dos formas heterogéneas y no simétricas: receptividad de la intuición y espontaneidad del “yo pienso”. Estábamos en eso. Si ustedes siguen pueden llegar a algo así: de Descartes a Kant, de Descartes que sostiene todavía explícitamente el primado de lo infinito sobre lo finito, y que por eso era un gran pensador clásico, es decir del siglo XVII... bien de Descartes a Kant la célebre formula del Cogito, “pienso luego soy” cambia de hecho de sentido. La última parte de “Las palabras y las cosas” implica un gran número de referencias a Kant y retoma el tema heideggeriano de que la revolución kantiana consiste en esto: haber promovido la finitud constituyente, rompiendo así con la vieja metafísica que nos presentaba un infinito constituyente y una finitud constituida. Con Kant la finitud deviene constituyente. Foucault utiliza admirablemente este tema, pero es Heidegger quien primero lo ha desarrollado y ha definido a Kant por esta operación de la finitud constituyente. En ese momento, yo digo que es necesario que el cogito tome otro sentido. Les pido que presten mucha atención. En Descartes el cogito se presenta de manera diferente, Descartes nos dice de entrada “yo pienso”, ¿qué es eso? Es la primera proposición. ¿Qué quiere decir “yo pienso”? “yo pienso” es una determinación; más aún es una determinación indubitable. ¿Por qué indubitable? Porque puedo dudar de todo lo que quiera; puedo dudar de que ustedes existan, puedo dudar de que yo exista, pero hay una cosa de la que no puedo dudar y es que yo pienso. ¿Por qué no puedo dudar de que yo pienso? Porque dudar es pensar. No se trata de discutir, se trata de entenderlo que él quiere decir. Puedo dudar que dos y dos hagan cuatro, pero no puedo dudar de que yo que dudo, pienso. Entonces “yo pienso” es una determinación indubitable. Segunda proposición, “yo soy”, y ¿por qué “yo soy”? Por una razón muy simple, es que para pensar hay que ser. Si yo pienso, yo soy. Al nivel B el enunciado del cogito es: si yo pienso, yo soy. Proposición A “yo pienso”, proposición B: si yopienso, “yo soy”. ¿Por qué si yo pienso, yo soy? Pienso es una determinación indubitable. Es necesario que una determinación lo sea sobre algo, sobre algo indeterminado. Toda determinación determina un indeterminado. En otras palabras: “yo pienso” supone “ser”; yo no se en que consiste este ser, no tengo que saberlo. “Yo pienso” es una determinación que supone un ser indeterminado. El “yo pienso” va a determinar al “yo soy”. La determinación supone un indeterminado. Que todo esto está bien, no hay lugar para hacer objeciones. Es absolutamente fatigante comprenderlo. Si yo pienso, yo soy. ¿Soy qué? A ese nivel, es una existencia indeterminada. Proposición C: pero ¿qué es lo que soy? Soy una cosa que piensa. Eso quiere decir: la determinación “yo pienso” determina la existencia indeterminada “yo soy”, de donde debo concluir: yo soy una cosa que piensa. Entonces el enunciado del cogito sería: A- Yo pienso B- Ahora bien, para pensar hay que ser. C- Entonces yo soy una cosa que piensa.
En otros términos, yo diría que Descartes opera -y es muy importante para el porvenir- con dos términos, “yo pienso” y “yo soy”, y una sola forma: yo pienso. En efecto “yo soy” es una existencia indeterminada que no tiene forma. El pensamiento es una forma y determina la existencia indeterminada: soy una cosa que piensa. Hay dos términos “yo pienso” y “yo soy” y solo una forma, “yo pienso”, de donde se concluye que “yo soy una cosa que piensa”.
Ven ustedes que eso está bien. Yo decía que hay una béance, una falla en el cogito. En Kant el cogito está completamente astillado. Era pleno como un huevo en Descartes, ¿por qué? Porque estaba envuelto y bañado por Dios. Pero con la finitud constituyente, camino sobre dos piernas, receptividad y espontaneidad, y es realmente la falla al interior del cogito, a saber: el “yo pienso”, espontaneidad, determina mi existencia, pero mi existencia sólo es determinable como la de un ser receptivo. Entonces, yo, ser receptivo, yo me represento mi espontaneidad como la operación de otro sobre mi, y ese otro es “yo”. ¿Qué hace Kant? Hay donde Descartes veía dos términos y una forma, el ve tres términos y dos formas. Tres términos: la determinación, lo indeterminado y lo determinable. Dos formas: la forma de lo determinable y la forma de la determinación, es decir la intuición, el espacio-tiempo, y el “yo pienso”; la receptividad y la espontaneidad...
... estamos forzados a distinguir dos ejercicios de la palabra. A uno yo lo llamaría ejercicio empírico de la palabra. Yo hablo, yo hablo, diariamente es necesario que haya un ejercicio empírico de la palabra. Yo hablo de lo que veo en tanto que otro me ve hablar. El ejercicio empírico es: ¡oh, tu has visto, llueve!; supongo que él no ha visto nada; hablo a alguien diciéndole algo que el no ve, relativamente. A ese nivel, al nivel del ejercicio empírico de la palabra, yo hablo de algo que de una manera u otra podría también ser visto. Lo que yo llamo el ejercicio superior es cuando yo hablo de lo que no es visible, o, si prefieren, hablo de eso de lo que solamente se puede hablar. El ejercicio superior de la palabra nace cuando la palabra se dirige a eso que no puede ser más que hablado. ¿Hay algo que solo puede ser hablado? Podemos decir no, pero para Blanchot hay algo que solo puede ser hablado: la muerte, es un ejemplo. Y ¿por qué algo que solo puede ser hablado definiría el ejercicio superior de la palabra? Es también algo que no puede ser, al hablar, sub-entendido: lo que sólo puede ser hablado es algo que no puede ser hablado desde el punto de vista del uso empírico. Pero el uso empírico de la palabra es hablar de lo que puede ser igualmente visto; lo que solo puede ser hablado es lo que se sustrae a cualquier uso empírico de la palabra, entonces lo que solo puede ser hablado es eso que no puede ser hablado desde el punto de vista del uso empírico. Lo que sólo puede ser hablado desde el punto de vista del ejercicio superior es eso que no puede ser hablado. En otras palabras, ¿qué es eso que solo puede ser hablado desde el punto de vista del ejercicio superior? La respuesta de Blanchot es el silencio. En otras palabras lo que solo puede ser hablado es el límite propio de la palabra. El ejercicio superior de una facultad se define cuando esta facultad toma por objeto su propio límite. Desde entonces entendemos que Blanchot nos diga la misma cosa para lo visto, pues hablar no es ver, en la medida en que hablar es hablar del límite del límite de la palabra, hablar de eso de lo que solo se puede hablar, -habría que decir: e inversamente. Si hablar no es ver, ver no es hablar. Es decir que para la visión también habría un ejercicio empírico. Sería ver lo que también puede ser otra cosa, es decir lo que puede también ser imaginado o recordado, o hablado. Ese sería un ejercicio empírico; y el ejercicio superior de la visión sería ver lo que solo puede ser visto. Y ver lo que solo puede ser visto, es ver lo que no puede ser visto desde el punto de vista del ejercicio empírico de la visión. ¿Qué es lo que no puede ser visto desde el punto de vista del ejercicio empírico de la visión? La luz. La luz solo la veo cuando ella rebota sobre algo: pero la luz indivisible, la pura luz, yo no la veo, y es por eso que ella es lo que solo puede ser visto. En otras palabras, al igual que la palabra encuentra su objeto superior en lo que sólo puede ser hablado, la visión encontraría su objeto superior en lo que sólo puede ser visto. Porque Blanchot no dice y no dirá nunca: hablar no es ver e inversamente. En el texto de “Las palabras y las cosas”, Foucault dice: e inversamente; lo que vemos no habita en lo que se dice, e inversamente lo que se dice no habita en lo que se ve. Mantiene las dos facultades, ver y hablar como.... sin embargo Blanchot habla de la visión en dos lugares, en “hablar no es ver” y en los apéndices de “El espacio literario”, bajo un título que nos conviene de entrada: “dos versiones de lo imaginario” -podremos conseguir, si todo va bien, que la una corresponda al ejercicio empírico de la visión, y la otra al ejercicio superior de la visión. Tomo los dos textos; el texto de “El espacio literario” nos dice: “hay que distinguir dos imágenes. La primera imagen es la imagen que se parece al objeto, y que viene después. Para formar la imagen es necesario haber percibido el objeto, es la imagen de la semejanza. La otra, yo simplifico, es la imagen sin esta idea que parece prodigiosa para una teoría de la imaginación cristiana, a saber: con el pecado, el hombre es a imagen de Dios pero ha perdido la semejanza. La imagen que ha perdido lasemejanza, la imagen sin semejanza. Y esta imagen sin semejanza es más verdadera que el objeto. Blanchot dice que es el cadáver, el cadáver es el que está más cerca del yo. Muriendo, me limpio de la semejanza, soy una pura imagen. Son las dos versiones de lo imaginario. En el texto “hablar no es ver”, son dos versiones de lo visión y de lo visible. Primera versión: veo a distancia, percibo a distancia, capto las cosas, los objetos a distancia; se sabe que no comienzo por captarlos en mi para proyectarlos. Capto la cosa ahí donde ella está. La psicología moderna nos lo ha enseñado: capto la cosa a distancia y después, nos dice Blanchot, hay otra visibilidad. Es cuando la distancia nos capta. Soy captado por la distancia, lo cual es lo contrario de captar a distancia, es la fascinación, el arte o el sueño. ¿Qué es lo que le impide a Blanchot decir: e inversamente? No puede decirlo porque eso arruinaría el silencio. La aventura de lo visible no hace más que preparar la verdadera aventura que debe ser la de la palabra. Si bien que la idea de que también hay un ejercicio superior de la visión no está ahí como un grado preparatorio del único ejercicio superior que es la palabra en tanto que habla de eso que solo puede ser hablado, es decie de eso que no puede formar parte del silencio. La visión sólo dará una confirmación para la palabra, en lugar de desarrollarse libremente su ejercicio superior. Blanchot es, de cierta manera, cartesiano. Él piensa también con una sola forma, él también, como Descartes, y es su única relación con Descartes, todo su pensamiento consiste en confrontar la determinación y lo indeterminado. No es cartesiano porque en él la relación de la determinación y de lo indeterminado es de hecho diferente de lo que pasa en Descartes. La determinación y lo indeterminado, en Blanchot -y es lo que lo obsesiona-, se mantienen cara a cara, en una especie de confrontación sin fin. Encontramos ese tema en el prefacio de Blanchot al libro de Jaspers: “¿cómo puede lo determinado mantener una relación verdadera con lo indeterminado?” sub-entendiendo, una vez dicho, que lo determinado no reduce nunca lo indeterminado, mientras que el Descartes lo determinado no deja subsistir lo indeterminado. En Blanchot lo determinado se sostiene en lo indeterminado de tal manera que lo indeterminado subsiste. Hay una especie de cortocircuito de la determinación y de lo indeterminado, al punto que la determinación más radical sale de lo indeterminado más puro. ¿En quien piensa? ¿Qué define un agua-fuerte de Goya? ¿los monstruos de Goya, qué son? Es la determinación en tanto que ella sale inmediatamente de un indeterminado que subsiste a través de ella. Es lo que Blanchot llama una relación verdadera de lo determinado con lo indeterminado, una relación verdadera de tal manera que lo indeterminado subsiste a través de la determinación, y que la determinación sale inmediatamente de lo indeterminado. La determinación que sale inmediatamente de un indeterminado que subsiste bajo la determinación, es lo que se llamaría un monstruo...
Para Foucault hay dos formas, la forma de lo visible y la forma de lo enunciable. Contrariamente a Blanchot, Foucault ha dado una forma a lo visible. Para Blanchot todo pasa por una relación de la determinación y de lo indeterminado puro, para Foucault -y por eso es kantiano y no cartesiano- todo pasa por una relación de la determinación y de lo determinable, teniendo los dos una forma propia. Hay una forma de lo determinable no menos que una forma de la determinación. La luz es la forma de lo determinable, tanto como el lenguaje es la forma de la determinación. Lo enunciable es una forma, pero lo visible también es una forma. Entonces Foucault se verá obligado a añadir el “e inversamente”, y el “e inversamente” no es una pequeña adición, es una reorganización.
El esquema es un gran descubrimiento kantiano, el esquema de la imaginación, es una noción formidable. El esquema es homogéneo al espacio y al tiempo puesto que determina el espacio y el tiempo. Es una determinación de espacio y de tiempo. El tiempo, ¿que papel juega en eso? Basta tomar un esquema como el del número. El esquema del número es la regle según la cual yo puedo siempre añadir “la unidad” al número precedente. Es un esquema temporal. Un esquema es homogéneo en el espacio y en el tiempo puesto que determina un espacio-tiempo, pero determina el espacio y el tiempo conforme a un concepto: triángulo equilátero, número, etc. es, entonces homogéneo al espacio y al tiempo que determina, y homogéneo al concepto del cual permite la construcción del objeto. Ejercicio práctico: definición de león, es el concepto; definan el león. Se pueden concebir muchas definiciones, ¿cuál es el esquema del león? Ven ustedes que el esquema no es del todo la imagen. Si yo digo una imagen de número, ustedes me dirán: dos, o trescientos, pero el esquema de número no es eso, es la regla de producción de cualquier número. Si yo les digo: imagen de un triángulo equilátero, ustedes no tienen ninguna dificultad, ustedes trazan un triángulo equilátero, lo hacen independientemente de cualquier regla de construcción, ustedes lo hacen aproximadamente. Pero el esquema no es eso, el esquema no es una imagen; es la regle de producción de cualquier imagen como correspondiendo a un concepto, o como conforme al concepto. El esquema de león no es la imagen del león; el esquema del león hace parte de los misterios de la imaginación. Un esquema de león es un dinamismo espacio-temporal. Un esquema de vaca ¿qué es? Para mi un esquema de vaca es el potente movimiento que toma una manada cualquiera de vacas alrededor de tal hora, o tal otra hora; de golpe estas bestias migran en la pradera, a las cinco de la tarde las vacas migran en la pradera. El dinamismo del gesto, ese sería el esquema. En otros términos es una determinación espacio-temporal correspondiente a un concepto. El espacio-tiempo y el concepto son estrictamente irreductibles, ¿cómo puede haber esquemas que hagan corresponder las determinaciones del espacio y del tiempo a los conceptos? Hay una tercera instancia; las dos formas no son reducibles la una a la otra; habría una tercera instancia que, por su cuenta, se conformaría con una de las dos formas y con la otra de las dos formas. No importa que el esquema sea informal, esa es su condición.
Traducción: Ernesto Hernández B., Cali, Mayo de 2004-05-31
e-mail: ehb_cali@yahoo.com
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